Aunque las bases de la aerografía las encontramos en algunas pinturas rupestres, podemos afirmar que este medio pictórico tiene muy poca tradición, poco más de 100 años de historia. 

Los orígenes del aerógrafo se remontan a finales del siglo XIX, cuando un consumado acuarelista, Charles L. Burdick, patentó un utensilio que le permitía aplicar varias capas de acuarela sin afectar el color de abajo.

Su instrumento de aquel entonces no resulta muy distinto a los actuales.

 

Burdick realizó las primeras obras con acuarela utilizando el aerógrafo, y envió algunas de ellas a la exposición anual de la Real Academia de las Artes, sin embargo fueron rechazadas por ser un instrumento mecánico. Su modernidad y su técnica situaron en un principio al aerógrafo en un lugar incómodo, despreciado y separado de las artes tradicionales.



¿Quienes lo usaron?

Los que sacaron verdadero provecho de esta herramienta fueron los fotógrafos de principio de siglo. El hecho de que las fotografías fueran monocromáticcas, hizo necesario el retoque para darles color y mayor nitidez. De ahí que los fotógrafos se convirtieran en retocadores, y el aerógrafo la herramienta ideal, lograban esfumados suaves, colores planos sin dejar huella en el original.

La aerografía se convertía en un arte dependiente de la fotografía, el artista plástico no daba importancia a sus posibilidades, por considerarla un arte impersonal y carente de identidad propia.

 

 

 

 

El primero en realizar obras vanguardistas experimentando con el aerógrafo fue Man Ray, pintor, fotógrafo, escultor… y miembro de los grupos dadaístas y surrealistas de principios del siglo XX, el artista describió su experiencia con el aerógrafo con estos términos: “Los resultados son asombrosos, tienen calidad fotográfica aun cuando mis temas no son nada figurativos….Es apasionante pintar una obra sin apenas tocar su superficie, como si se tratara de un acto puramente cerebral ”

 

Obras como La Voliere (1917) y Sans Titre (1919) fueron realizadas con esta técnica, y expuso por primera vez en la Galería Daniel. De nuevo la crítica del momento despreció la técnica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El próximo acontecimiento de importancia sucedería en 1919, con la fundación de la escuela alemana Bauhaus, analizaron el arte desde un  punto de vista de varias disciplinas y establecieron sus propios principios. No habría de escaparse a este cometido la aerografía como expresión de comunicación de gran fuerza y efecto, o como combinación con otras técnicas. Debido a las enseñanzas de esta escuela el uso del aerógrafo se extendió.

 

 

 

 

 

Durante mucho tiempo el aerógrafo sobrevivió en el campo de la ilustración, los carteles, las revistas, anuncios y otras publicaciones, eran el principal factor divulgativo, y el aerógrafo el medio ideal para su realización. Los acabados con esta técnica resultaban atractivos directos e impactantes, sobretodo en difuminados y fusiones de color.

 

 

Carteles realizados con aerógrafo por Cassandre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es importante señalar el valioso aporte que ofreció la aerografía al cine de animación.

En el año 1940 los estudios Disney producen una película de dibujos animados, usando el aerógrafo para fondos y realzar luces, sombras y transparencias, desde entonces fue usado para la realización de películas animadas.

 

Pero la completa aceptación del aerógrafo como herramienta artística llegó con el arte pop, donde artistas como Peter Phillips y Allen Jones la usaron en obras de gran formato, impulsando la técnica en el campo del arte.

 

 

 

Tras estos artistas aparecieron pintores hiperrealistas, creando obras con un realismo absoluto aparentemente fotográfico reflejados con el mínimo detalle. En este tipo de obras el aerógrafo se reveló como un instrumento insustituible, capaz de proporcionar cualquier textura a una precisión inalcanzable por cualquier otro método tradicional.


Finalmente se aceptaba un instrumento que nunca debió haber presentado ningún tipo de dudas.