Para comenzar con la técnica de la aerografía, es esencial tener un conocimiento básico-teórico sobre el funcionamiento del aerógrafo

El aerógrafo consiste en un cilindro similar a una estilográfica, habitualmente fabricado en inoxidable. Permite pintar mediante un chorro de color líquido pulverizado de manera semejante a un aerosol, aunque con mucha mayor precisión.

Los efectos que se consiguen con esta técnica son espectaculares, el hecho de rociar la pintura produce degradados y fundidos de color, no deja huellas ni marcas de pinceladas, ofrece la posibilidad de conseguir imágenes tan nítidas y puras como la misma realidad, proporciona todas las texturas que se presentan en la naturaleza… Se trata en general de una herramienta que acerca la imagen a la perfección y llega donde no lo hacen otras técnicas pictóricas.

No obstante, no es una varita mágica que ofrezca visiones instantáneas, sino que necesita creatividad, y cuyo resultado artístico depende, como es lógico, de la habilidad y personalidad del pintor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En su interior alberga una aguja, que sella de manera estanca una boquilla. Al accionar el gatillo hacia atrás, desplazamos la aguja, dejando libre el obturador y permitiendo el paso de pintura. La pintura se une con el aire produciendo un pulverizado muy fino.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El aerógrafo funciona por un principio elemental de arrastre de pintura, al pasar una corriente de aire a presión por el cuerpo del aerógrafo, absorve la pintura y la dispersa con un pulverizado.

A partir de este esquema básico nos encontramos con diferentes tipos de aerógrafos.